¡¡BIENVENIDOS!!

"Existe gran número de personas que no tienen durante su vida más que una idea, y por lo mismo no se contradicen nunca. No pertenezco a esa clase; yo aprendo de la vida, aprendo mientras vivo, y, por lo tanto, aprendo hoy todavía. Es posible que lo que hoy es mi opinión, de aquí a un año no lo sea, o lo considere erróneo, y me diga: ¿Cómo he podido tener esa opinión antes?" BISMARCK

viernes, 2 de marzo de 2012

Orientador, una persona de carne y hueso

EL ORIENTADOR: ANTE TODO, UNA PERSONA DE CARNE Y HUESO…

¡Buenas tardes lectores! Ante todo, daros las gracias por seguirme y por hacer un hueco es vuestra apretada agenda para mí.
Hoy quiero hablaros del papel del orientador. Hubo un día en clase en el que, de forma involuntaria e imprevista, se originó un debate en el aula entre alumno y profesora. El alumno defendía la idea de que el orientador debía saber, poder y querer dar respuesta a todo tipo de necesidades o problemas del usuario, idea la cual fue no admitida por parte de la profesora y, como veréis, de la mía tampoco.
Pues bien, yo, de acuerdo con la profesora, defiendo la idea de que un orientador no ha de enfrentarse a todo tipo de cuestiones, esto es, me aclararé con un ejemplo. Supongamos que, yo, como psicopedagoga, me encuentro con un caso en el que un usuario requiere de mi ayuda: necesita superar la muerte de su padre. Y supongamos también que yo acabo de sufrir la reciente muerte de mi padre (toco madera). Pues bien, yo no me encuentro capacitada para orientar a esa persona, no porque yo aún no he superado esa situación y, si no he superado esta situación propia, ¿cómo pretendo ayudar a alguien ante una situación semejante? no puedo. Pondré otro ejemplo: supongamos ahora que no empatizo con los violadores, y tengo que tratar a un violador en un centro penitenciario. Bien, considero que no tengo porqué orientar ni tratar a este tipo de personas nada más y nada menos que porque no empatizo con ellos y porque no soy capaz de defender su postura. Ante estas situaciones, un compañero de clase defendía la de que un orientador debería tratar todos los casos, sea el que sea. Yo no estoy de acuerdo. Ante todo los orientadores somos personas, nos somos dioses y no podemos arreglarlo todo. Somos personas de carme y hueso, con sentimientos, creencias e ideales, y con posturas inamovibles.

No hay comentarios:

Publicar un comentario